El lino procede de la planta del lino y se aprecia por su tacto seco, su ventilación y su superficie ligeramente irregular. Puede sentirse firme al principio, pero suele suavizarse con el uso y los lavados. Conduce bien el calor, aunque el peso y la construcción son decisivos: una chaqueta compacta no se comporta como una camisa de tejido abierto.
Qué comprobar antes de elegir
Mire el tejido a contraluz. Los pequeños engrosamientos del hilo son naturales; los huecos claros, hilos enganchados o costuras inestables sí merecen atención. Arrugue suavemente una esquina y suéltela. El lino marca las arrugas con facilidad: valore si esa textura encaja con el diseño. En colores claros compruebe transparencia, bolsillos, forro y ropa interior.
El lino puro tiene poca elasticidad. En prendas ajustadas, el movimiento debe venir del patrón, los pliegues o una mezcla deliberada. El lino con viscosa suele tener más caída, mientras que con algodón puede sentirse más suave y marcarse menos. Lea la composición completa y elija según el efecto buscado.
Uso y cuidado
Siga la etiqueta porque tinte, forro y estructura pueden limitar la limpieza. Un ciclo suave, temperatura moderada y centrifugado ligero reducen la deformación. No deje lino mojado doblado; recupere la forma enseguida y seque al aire, colgado o en plano según la prenda.
Planche ligeramente húmedo para un acabado liso y por el revés en colores oscuros. Si prefiere su carácter relajado, vapor y alisado manual pueden bastar. Guárdelo limpio, seco y sin aplastar las piezas estructuradas.
Cuándo funciona mejor
El lino es adecuado cuando busca ventilación, textura y una prenda que gane carácter. Elija tejidos ligeros para el calor y construcciones densas para cobertura o sastrería.