Antes de planchar un abrigo, prepara espacio para su longitud y peso. El cuello, el cierre, el cinturón y el forro pueden dificultar la colocación uniforme de una sección. Lee primero la etiqueta: la palabra «abrigo» o su contenido de lana no determinan por sí solos la temperatura ni confirman que admita vapor.
Valora el problema en todo el abrigo
Comprueba si se trata de una arruga de almacenamiento, un bajo doblado hacia dentro o un cambio de forma. Examina también el forro y el punto donde comienza la irregularidad. Si el tejido se frunce junto a una costura dañada o el forro levanta el bajo, primero hay que valorar la causa. Repetir pasadas con la plancha no sustituye una reparación.
Apoya la parte larga y pesada
No permitas que una parte que resbala de la tabla tire de la zona de trabajo. Prepara un apoyo limpio y recoloca la prenda antes de que empiece a deslizarse. Vacía los bolsillos, ordena el cinturón y comprueba que ningún botón haya quedado bajo el tejido. La colocación debe facilitar el acceso a una zona sin aplastar los demás componentes.
Respeta la forma del cuello y el cierre
No aplanes automáticamente el doblez del cuello ni marques una línea nueva. En el delantero, revisa la disposición de la tapeta, las solapas y el cierre. Los adornos o acabados diferentes necesitan sus propias instrucciones. Si no puedes separar la zona de planchado de uno de esos elementos, detente y busca ayuda adecuada.
Vigila la superficie y el bajo
Trabaja solo dentro de las instrucciones del abrigo, observando brillo, color y textura. No aumentes la presión únicamente porque el tejido sea grueso. Después de moverlo, revisa el bajo, la abertura y el forro para que no quede una capa doblada debajo. Valora el resultado completo antes de repetir; no intentes corregir el largo o el ajuste mediante planchado.